Creo que va siendo hora de que los mexicanos dejemos de esperar las soluciones de nuestros gobernantes. Es evidente que a la clase política, le interesa ante todo su propio provecho, y que el bienestar de las familias mexicanas es una prioridad bastante secundaria para ellos. La toma de conciencia comienza quizá por el darnos cuenta de que no están haciendo bien las cosas, pero no basta. Es necesario que aprovechemos las pocas herramientas democráticas a nuestro alcance y las usemos. Entre ellas, el manifestar nuestra opinión aprovechando la libertad de expresión, que, es un hecho, disfrutamos.
Otra herramienta es el voto. Si mantenemos nuestra tendencia a votar por un partido en el poder ejecutivo y otro u otros en el legislativo, estaremos prolongando este estado de cosas en que nadie se responsabiliza, culpan al otro de los problemas y no avanzamos.
Tenemos poco menos de tres años para la próxima elección federal. Aprovechemos este tiempo para realmente involucrarnos y reflexionar. Benito Juárez dijo que lo que nuestro país no haga por su propia independencia y libertad, no puede esperar que lo hagan otros países por el nuestro.
Si tomamos esa idea, veremos que eso aplica a la sociedad en general, pero también a nuestras familias y personas. No podemos seguir esperando la solución de fuera. Tenemos que tomar las acciones personales y familiares que realmente nos encaminen a mejorar nuestra situación. Eso incluye el trabajo, la convivencia en casa y el vecindario, pero también la participación reflexiva.
Quien no piensa, suele actuar -o dejar de actuar- reactivamente. Si sólo reaccionamos, ¿cómo queremos progresar? Hay que actuar proactivamente, es decir, proponiendo -aún cuando sea a nosotros mismos y nuestras familias- las acciones que lleven a la consecución de un propósito nuestro. Para eso, hay que pensar. Hay que tener una visión de largo plazo: ¿cómo me gustaría estar, o ser, en digamos, diez años? Si ni siquiera soy capaz de visualizar eso, ¿cómo voy a tomar las acciones que me lleven al logro de algo?
Si tengo una visión de largo plazo, podré planear lo que necesito lograr cada año para acercarme gradualmente y al cabo de los diez años seguramente estar muy cerca de lo que soñé.
Pensar no mata. Pensar nos hace mejores. Pensar. Pensemos. No dejemos en manos de otros nuestro destino.
Un abrazo para todos,
Enrique Vigil H.







